
—¿Cómo la pasó en Santa Cruz? —me despierta el taxista que me llevaba al aeropuerto de regreso a Lima.
—Estuve solo una noche, pero por lo que vi, son muy guapas las mujeres de por acá.
—Eso sí, pero son un poco especiales, ¿sabe?… Acá las mujeres tienen alma de garaje —sentencia el conductor.
—¿Cómo es eso? —inquiero interesado ante tal metafísica afirmación.
—Pues si no tienes carro, no te dejan entrar.
Ha pasado más de un año de mi paso por Bolivia, y me pregunto si esa aseveración se les puede atribuir solo a las hermosas mujeres de la ciudad anti Evo Morales.
¿Es necesario un carro para conquistar a una mujer? ¿Nos definirán acaso como: ‘dime qué caballo tienes, y te diré qué caballero eres’? ¿Tiene fundamento la frase: ‘con ese carro entran solas’?
Me pongo en sus zapatos —si son de plataforma y con lucecitas mejor— y no habría nada que reprocharles. Me ha pasado muchas veces con mujeres que a primera vista no me atraían, pero al verlas extraer de su cartera un par de llaves y acercarse a un automóvil, repentinamente tuve una erección. ¿Por qué entonces deben ser castigadas y quemadas en la hoguera como brujas las mujeres que simplemente no están interesadas en peatones?
Que lance la primera piedra el que niegue que el proyecto para poder disfrutar de una mujer con quien tener relaciones periódicamente —sin estar obligado a dejar unos billetes en la mesa de noche al despedirte de ella— se complica y extiende si no cuentas con medio de transporte privado.
No es lo mismo abrir la puerta de tu vehículo a la dulce doncella que está absorbiendo —como hoyo negro— tu quincena, que ‘embarcarla en la combi’ y simular galantería regateando con el cobrador: ‘choche, china hasta la avenida’.
Duela a quien le duela, el automóvil se viene convirtiendo en el commodity que la mayoría de mujeres esperan que venga con esa persona del sexo opuesto que ostenta convertirse en su media naranja, el intérprete de sus pensamientos, el dueño de los hombros donde alguna noche colgarán sus piernas.
¿Y los que contamos con automóviles que constantemente son confundidos con taxis estamos exentos de esta discriminación? Aquellos que —como yo— poseen carros japoneses ‘comerciales’, ¿podemos estar a la altura de jinetes que vienen montados sobre corceles alemanes (los que tienen Volkswagen no se emocionen) y ser considerados caballeros dentro de su mesa redonda? Pues a ese sector marginado que solo aspira a ser escudero, les aconsejo que comiencen a explorar nuevas tácticas y habilidades —empezar un blog no ayuda mucho—, y traten de tener una gama de temas de conversación que mantengan entretenida a su acompañante hasta la hora en la que la devuelven a casita.
—Estuve solo una noche, pero por lo que vi, son muy guapas las mujeres de por acá.
—Eso sí, pero son un poco especiales, ¿sabe?… Acá las mujeres tienen alma de garaje —sentencia el conductor.
—¿Cómo es eso? —inquiero interesado ante tal metafísica afirmación.
—Pues si no tienes carro, no te dejan entrar.
Ha pasado más de un año de mi paso por Bolivia, y me pregunto si esa aseveración se les puede atribuir solo a las hermosas mujeres de la ciudad anti Evo Morales.
¿Es necesario un carro para conquistar a una mujer? ¿Nos definirán acaso como: ‘dime qué caballo tienes, y te diré qué caballero eres’? ¿Tiene fundamento la frase: ‘con ese carro entran solas’?
Me pongo en sus zapatos —si son de plataforma y con lucecitas mejor— y no habría nada que reprocharles. Me ha pasado muchas veces con mujeres que a primera vista no me atraían, pero al verlas extraer de su cartera un par de llaves y acercarse a un automóvil, repentinamente tuve una erección. ¿Por qué entonces deben ser castigadas y quemadas en la hoguera como brujas las mujeres que simplemente no están interesadas en peatones?
Que lance la primera piedra el que niegue que el proyecto para poder disfrutar de una mujer con quien tener relaciones periódicamente —sin estar obligado a dejar unos billetes en la mesa de noche al despedirte de ella— se complica y extiende si no cuentas con medio de transporte privado.
No es lo mismo abrir la puerta de tu vehículo a la dulce doncella que está absorbiendo —como hoyo negro— tu quincena, que ‘embarcarla en la combi’ y simular galantería regateando con el cobrador: ‘choche, china hasta la avenida’.
Duela a quien le duela, el automóvil se viene convirtiendo en el commodity que la mayoría de mujeres esperan que venga con esa persona del sexo opuesto que ostenta convertirse en su media naranja, el intérprete de sus pensamientos, el dueño de los hombros donde alguna noche colgarán sus piernas.
¿Y los que contamos con automóviles que constantemente son confundidos con taxis estamos exentos de esta discriminación? Aquellos que —como yo— poseen carros japoneses ‘comerciales’, ¿podemos estar a la altura de jinetes que vienen montados sobre corceles alemanes (los que tienen Volkswagen no se emocionen) y ser considerados caballeros dentro de su mesa redonda? Pues a ese sector marginado que solo aspira a ser escudero, les aconsejo que comiencen a explorar nuevas tácticas y habilidades —empezar un blog no ayuda mucho—, y traten de tener una gama de temas de conversación que mantengan entretenida a su acompañante hasta la hora en la que la devuelven a casita.
Pero sobre todas las cosas, mi llamada de advertencia va dirigida a esos hacendados que, al aproximarse al castillo de la princesa piloteando su nueva adquisición, escuchan a lo lejos: ’¡El avión! ¡El avión!’ gritado por el sobrinito al mismo estilo de Tatto en la ‘Isla de la Fantasía’, y se sienten más que afortunados porque la madre los recibe con meriendas salidas del horno, el padre le cede el sillón de la sala, el perro le mueve la cola y la abuela le presenta las cenizas del abuelo. A aquellos a quienes el ego alcanza niveles argentinos porque no hay visita en donde su enamorada no les implore tomarse fotos de los tres (tú, ella y tu nuevo juguetito en el medio) y colgarlas en el Facebook para que todos se enteren de lo bien que se ven juntos. A ustedes, amigos solventes, deben ser más que cautelosos, y probar si recibirían el mismo trato de la familia y los besos acalorados de la mujer a quien cortejan, si aducen no tener un último modelo porque están ayudando a detener el sobrecalentamiento de la Tierra.
Hagamos un examen de conciencia y reconozcamos —hombres y mujeres— nuestro lado materialista: un carro te distingue, te realza, te separa de los que tienen la billetera llena de boletos del subte, tranvía o simplemente —como en el Perú— de combi… La razón es muy sencilla, un automóvil te da seguridad, y seguridad, amigos míos, es lo que te diferencia de tener una marca en el cuello los fines de semana, o contentarte con un beso en la frente.
Este es un comercial argentino que te da una muestra clara del efecto de un carro en un hombre.
Este es otro comercial de carros que, si bien no tiene que ver mucho con el tema, la verdad está muy bueno.
15 comentarios:
Muy buen post Mario! Tener un auto no es por cierto necesario para salir con una mujer, pero es un símbolo de status muy fácil de evaluar a simple vista y por lo tanto jugará por lo general a favor tuyo.
Por cierto, cuantas veces te confundieron con un taxista? jajaja
...es cierto que ese ultimo comercial no tiene que ver con el tema....pero como te gusta la cochinada.....segurito que paras como el tio en tu auto rojo.....
por otro lado, si pues.....el auto es una necesidad...no me imagino estar sin auto ahora....pero que sirva para que una chica te acepte...uhmmm....no comparto mucho eso eh.....por ejemplo el 1er comercial que pones.....ese patin en vez de tener un carro, se hace una cirugia y ya.....como algunos que conozco...jajajajaja......bueno, pero aquellos que se creen galanes por el auto que tienen....muchas veces he escuchado a amigas decirles....tu carro se veria muy bonito con lunas polarizadas.....y claro al patin se le subia el ego....pero lo cierto es que se lo decian para que no se le vea a el y malogre el atractivo del auto.....asi que ya sabes...polariza tu carro...jajaja
Saludos
Edgar...el que te quizo enseñar a jugar futbol, pero no se pudo.. :(
Lo del taxista me ha pasado muchas veces y he tenido que conformarme con negar con la cabeza cuando pasaba al lado de las mujeres que tenían levantada la mano :(.
Jajajaja
¡Ese Edgar! En serio polarizaría mi carro (y no para ocultarme, sino para estar màs tranquilo en la costa verde jeje), pero la verdad no quiero invertir un sol más en él... Con decirte que me robaron la radio hace un mes y hasta ahora no la he repuesto jaja
que te pasa con los VW ah!!! ahora vas a decir que no te gustan???
Los VW me traen lindos recuerdos, sobre todo cuando en el asiento delantero entraban dos personas ;)
Marito, muy buen post ahora que recuerdo yo le dje a un chiquito que le ponga lunas oscuras a su carro...jajajajaja!!! y claro el muy consciente del tema las oscurecio harto.
Mi buen amigo Marito jajaja, chevere tu post! Pero no comparto mucho de lo que dices. Pienso que no es necesario tener carro para levantar chicas. Yo hace poco deje de ser peaton y pues pase a la fila de los que tienen carro y como tu lastimosamente me confunden con taxista jajajaja. cueno Cuidate mucho bro alaos
Una puede pensar... grande caro compensa otra debilidad!
Muy Cierto Caro(jolie?), por eso puedo afirmar que nunca me gustaron las 4x4 ja, ja, ja
Yo he obtenido MÁS que un beso en la frente y sin auto jejeje todo depende Mario...pero claro el auto es un plus a tu favor, pero no es lo indispensable...aunque creo que ahora hay más materialismo que antes no? en fin...
Amigo anónimo, te sugiero abras tu grupo en Facebook: 'Los peatones sí podemos' Ja, ja, ja
Habla marito, definitivamente l que necesitas es una clase de argentinitis, o en algún momento has pensado que un Argentino se preocupa por tener un auto para levantarse a una flaca... vamos doc tu te puedes esforzar mas en tu próximo blog. Cuantos argentinos se levantan lo que quieren y no solamente no tienen un auto sino que además no tienen un peso, jajaja. Bueno compadre tampoco tengo algo contra los argentinos, pero lo que estoy seguro que les falta a los peruanos es un poco de autoestima, nos falta el ego de un argentino (que no necesita auto), el coraje y la hombría de un uruguayo, la testarudez de un chileno (araucano por donde lo mires) y por supuesto nos falta dejar de echarle la culpa a un auto cuando te chotean
, jajajaja
hasta la próxima.
Anónimo, ni Simón Bolivar pudo haber logrado congregar con tanto éxito a tanto sudamericano en un comentario como acabas de hacerlo tú jajajajaja
Opino igual pero igual que Caro: "grande caro compensa otra debilidad!" jijii
Me gusto este post ;)
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