El amor de mi padre por la salsa, hizo que el soundtrack de mi infancia incluya algunos temas de Oscar de León y Héctor Lavoe. Si a eso le sumamos que mi progenitor —espero que así sea mamá— era el alma de las fiestas con esos pasos tan suyos, y rodeado de palmas aclamando su saltito tan peculiar, mi deseo por parecerme a él estaba focalizado en el baile. Sin embargo, hoy por hoy, los saltos que pueda dar mi padre en algunas reuniones familiares —más que evocar mi admiración— generan en mí una intensa preocupación; ya que, a la menor caída, mi hermano y yo gritaríamos al unísono: “¡Se cagó el chato!”.
Durante mi adolescencia, tuve una actitud muy del apóstol Pedro en pleno Viernes Santo: la negación. A la pregunta: “¿Te gusta la salsa?”, mi respuesta era un rotundo no, sustentado por mis preferencias hacia grupos como Guns & Roses, Poison o Bon Jovi. No obstante, ya en casa, solo, y sacando algunos casettes que mi padre compraba, me ponía a cantar a muy viva voz los temas de Eddie Santiago e Hildemaro.
Ya en la universidad (en las contadas salidas que tuve) me percaté que la salsa era una muy buena excusa para tocar los brazos desnudos, y la pizca de piel descubierta entre el jean y la blusita de tu pareja. Si durante (o al final) de estos minutos de húmeda fricción —dependiendo de la precocidad de cada uno— no se llegaba al beso deseado, podía notar en mis amigos un ligero encorvamiento con un cartel en los ojos que decía: “No te besé, pero te rocé”.
Después de mi graduación, empecé con la reingeniería de mi personalidad, y una de las áreas a trabajar era sin lugar a dudas el baile. Experimenté con danzas como Axe, y fui un asiduo seguidor de las clases de baile en el gimnasio al que asistía (un par de personas me han comentado inclusive que me vieron en los videos del Gold’s Gym). Resultado de la práctica de tanto movimiento corporal (además de estar al tanto de las últimas coreografías toneras) mis pasos salseros pasaron la valla del 1 – 2 – 3, y hasta fui merecedor de ciertos halagos provenientes de las damas a quienes les toqué la piel desnuda.
Con mi ego fortalecido, me propuse rentabilizar mi inversión (compra de DVDs de Axe Bahía y membresía del gimnasio) dirigiéndome al centro de convenciones anglosajón más conocido del Perú: Cuzco. Equipado con dos idiomas extranjeros (inglés y francés), músculos no tan fofos, y mis dos pasos salseros con vueltita incluida, me dije a mí mismo: “Este pechito la va hacer linda”. Con la moral al tope, y seducido por la idea que las europeas se derriten por los latinos —en mi caso, por los cholos—, me dirigí a un pub conocido en la plaza de armas cuzqueña.
Grande fue mi sorpresa, al descubrir que los “bricheros” de hoy en día no solo tienen que mostrar a flor de piel su procedencia indígena (portando polos con la piedra de los doce ángulos y cuanta shakira colgada en el cuello), sino también que un requisito indispensable —si quieres tener éxito en este oficio tan difundido— es bailar 'salsa de salón'. Luego de apreciar cómo estos compatriotas hacían lo que querían con cuanta rubia había en el local —resignado— solo me quedó esperar una canción de Daddy, y empezar la búsqueda desenfrenada de alguna sueca totalmente ebria, para proceder al “punteo descarado” y calmar, de esta forma, las hormonas que en ese momento estaban en punto de ebullición.
Un año después —recuperado de la experiencia cuzqueña— decido invertir un 'poquito' más, y enrumbo hacia Europa esperando no encontrarme con tanta oferta latina. ¿El lugar? Un pub latino en Madrid. ¿Las armas? Las mismas que las del Cuzco, pero más afiladas.
Constaté que la oferta europea era mucho más variada en color y tamaño que en la capital imperial; sin embargo, parecía que había desembarcado en Miami y no en Madrid; ya que, el lugar estaba atestado de cubanos y puertorriqueños con camisas apretadas y desabotanadas hasta el pecho. Mi primera pregunta fue: “¿Dónde mierda está la gente de migración?”. Después de una hora —ya calmado y con alguno tragos encima— reconocí mi derrota y solo atisbé a aprenderme de memoria algunos pasos que estos latin lovers regalaban a cuanta europea pululaba en el local.
De regreso en Lima, lo primero que hice fue averiguar dónde podría aprender esos pasos tan diplomáticamente orgásmicos que quedaron grabados en mi cabeza. Encontré un pub cubano, y en la primera clase recibo el aliento del instructor: “A diferencia del resto, tienes ritmo”. Bueno, si me comparaba con el alumno de al lado que tenía el mismo swing que el protagonista de la película “Mi Pie Izquierdo”, y el otro adolescente que no se tropezaba por obra y gracia del gringo que está en platea, obviamente que yo era el John Travolta de “Saturday Night Fever” en esa clase. Como no contaba con pareja —y tras darme cuenta que retrazaba a las chicas que ya tenían muchas más clases que yo— solo asistí a cuatro de las ocho clases que pagué resignándome finalmente a aprender dos pasos más del repertorio con el que ingresé.
Aún así, después de tanto golpe bajo que me ha dado la salsa, cuando son las 3 A.M. y me encuentro en la barra de algún bar – “boliche” de Buenos Aires, me entran ganas de acercarme al DJ y exigirle que reemplace “Love Generation” de Bob Sinclair, y coloque a continuación algún tema de este ritmo que me ha acompañado hasta el día de hoy. ¿Quién sabe? De repente en esta ciudad tenga mi esperada revancha.
Aquí en el vídeo, está un muy joven Roberto Blades cantando la canción —que a mi entender— son los 7 minutos más rentables a tomar en cuenta. Ladies, que no se diga que no lo advertí.
http://www.youtube.com/watch?v=PK-gBxs4CMw
lunes, 25 de agosto de 2008
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18 comentarios:
maestroooo, como se diria...
me has hecho recordar años de universidad, cuando sabia los pasos clasicos (aun se esos nomas) jajajaja, x eso Que viva el Reggaeton.. te aconsejo no bailar salsa en Argetina, los che destrozan este baile.. en cual podrias competir? cumbia na, te lo dejo de tarea.
adio.
Felizmente no firmaste porque sino estaría obligado a regalarte una prenda de Ona Saez ja, ja, ja
Gracias por el consejo, lo tomaré en cuenta antes de acercarme al DJ ;)
Tio, si vas a pedir salsa en Argentina logra pedir al dj algo de Luis Enrique Mejia, el principe de la Salsa, la mejor salsa sensual, y yo si goze tu evolución musical, esas coreografias de axe, pero se que lo hacias para estar rodeado de bellas damas o hacer publicidad al Gym, jejejejejjeej, marelo no te olvides de ir a las bailantas, hay mucha carne ahi, cuidate mucho, un abrazo
Lo de estar rodeado de mujeres en las coreografías, solo fue un efecto secundario ;) je, je, je
Gracias por el consejo, primero revisaré a ese salsero en YouTube.
Realmente tienes un swing especial….ya regresas no????
Anónimo, deseo con todas mis fuerzas que seas mujer, y si además te encuentras en este momento en Buenos Aires, mucho mejor ja, ja, ja
Mario, a mi me parece que no debiste rendirte en tus clases de baile auqnue a me parece también, que no necesitabas clases porque bailas muy bien ;). Me gustó más este blog que el anterior sobre todo el comienzo. un abrazo! Diana
Diana, si continúas enviando abrazos en vez de besos, simplemente nunca 'aplicaré' contigo los dos pasos adicionales que aprendí en esas clases a mi regreso en Lima ja, ja, ja
Maricon... lo único que tengo que decirte es que me cagaste el plan que tenía para tomar clases de salsa... y tan bonito que te la venden con "la filosofía" de salsa de salon!!!
Marito : que lindo escribes ! no te conocía esa habilidad .... de las tantas que tienes jajaj. Me gustaron mucho tus dos publicaciones; me tienes que dar el dato de la academia de salsa para prepararme cuando regreses y pueda seguirte los pasos ! ó mejor en Bs As les enseñamos a romper cintura a los gauchos ... nos vemos por allá !
besitos
Carla
Amigo anónimo, si no hubieses escogido un adjetivo tan ofensivo, te hubiera propuesto me acompañes a completar mis clases de baile ja, ja, ja
Carla, ¿para qué buscar una academia si gustoso te puedo ofrecer el reducido repertorio que tengo para empezar? ;)
Ahora si pues... con inicio, con historia y con final.
Definitivamente la salsa tiene ritmo y sabor y para los negados existe la salsa de salón (disculpenme los que disfrutan de este); es como en la universidad había los que podían resolver cualquier tipo de ecuación y los que aprendieron a resolver todas las ecuaciones que enseñaron. Por supuesto yo no estaba en ninguno de los 2 grupos.
Doc te felicito por este blog, esta muy entretenido y por supuesto se nota que cada día tienes menos chamba, jajajaja
Mentira, un abrazo.
Jimmy P.
Jimmy, es política de este blog no rechazar ninguno de los comentarios surgidos a partir de mis posts, pero debes tomar en cuenta para la próxima vez que la project leader que me trajo a Buenos Aires también lee este blog ja, ja, ja
Quizás puedas intentar demostras tus dotes bailarinas yendo a un boliche de Salsa que hay acá en BA.
Se llama Azúcar y queda cerca de Cabildo y Juramento (Belgrano).
Después contame como te fue!!!
Marito, aqui tu sensei trayendo a la memoria nuestra conversa, si recuerdas ... "para afanar a una flaca, bailar salsa debes tu " y para esto hablamos sobre las tendencias y tipos:
1) La salsa dura, que a mi parecer no aplicas
2) La salsa sensual, la que bailas empiernao
3) La salsa cubana, que particularmente no es de mi agrado
4) La salsa estilo libre, que es la que aplicas todas las piruetas y demas acrobacias que viste en la tele
5)y para cerrar la salsa de salon ..
asi que "si aprender a bailar salsa quieres, a tu sensei llamar debes"
Gracias Ceci por el consejo, y sobre contarte cómo me fue, tú sabes que para eso recurro mejor a las imágenes ja, ja, ja
Sensei, y si aprendo a bailar todos esos estilos, ¿me das permiso para irme "al lado oscuro" con mi pareja? ja, ja, ja
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