lunes, 12 de enero de 2009

La respuesta correcta… ¿Alguien la sabe?

Mis labios impregnados del perfume de la mujer que tengo entre mis brazos. Mis dedos enredados y perdidos entre sus cabellos. La camisa más abierta descubriendo la imitación de pectoral que exhibo. Las lunas del carro totalmente empañadas listas para representar la escena de la mano del Titanic. ‘¿Quieres hacerlo?’, pregunto. Solo escucho su respiración. ‘¿Quieres hacerlo?’, susurro en su oreja. Ella levanta la mirada. Siento sus dedos acariciar mi cuello. Creo ver aproximarse un ‘Sí quiero’ en sus ojos sin anillo de por medio.

—¿Hace cuánto lo hiciste Mario? —dispara ella.

Lo primero que se me viene a la cabeza es replicar con: ¿No sabes que es de burros responder con otra pregunta? Pero eso me llevaría a tener un tatuaje con la forma de su mano en mi mejilla. En unos segundos tengo que dar una cifra. ¿Existe un número de días correcto? (horas —al menos en el Perú— está descartado) ¿Una semana? ¿Un mes? Se me viene a la memoria cuando un amigo confesó en el acto: 3 meses con 12 días. Se imaginarán que su periodo de espera se extendió unos meses más.

¿Qué espera escuchar una mujer después de tal interrogante? ¿Experiencia o castidad? ¿Garantía de rendimiento o una espalda llena de barros?

Si respondo que el encuentro sexual fue hace solo unos días, empezará la lluvia de preguntas al mismo estilo de Montesinos en el sótano del SIN: ‘¿Cómo se llama? ¿La conozco? ¿Por qué dejaste de hacerlo con ella? Porque dejaste de hacerlo con ella, ¿no?’

Por otro lado, si apelo al argumento de que por muchos meses a la medianoche The FilmZone Channel ha sido mi canal favorito (lamentablemente, la sección Exxtreme salio de su programación), ella tomará conciencia que es la mujer que en muchos meses no ha sido espantada por las feromonas de necesidad sexual que todas las mujeres perciben en los hombres.

—Estoy solo, pero no soy monje —atisbo a responder.

Soy conciente que he ultrajado la frase de Clint Eastwood en los Puentes de Madisson, pero hasta ahora ha sido mi salvavidas —dudo que lo siga siendo a partir de hoy.

Nos miramos, y veo esbozar una sonrisa sobre su rostro. Ella asiente. ‘Vámonos’, la escucho decir. Una palmadita sobre mi muslo es la rúbrica del pacto. Solo queda por definir todo lo referente a la logística (campo de juego y uniforme para mi compañero), que —por ser la primera vez—­ correrá a cuenta de mi sueldo tercer-mundista.

Los cincuenta minutos de batalla sexual han terminado (Ok, Ok… 15 minutos incluyendo el pago en recepción). Estoy exhausto. Quiero hundirme en el colchón desconectándome del mundo. No pasan siquiera tres segundos de paz mundial, cuando veo su brazo caer sobre mi pecho como guillotina en el clímax de la Revolución Francesa.

—¿Te gustó? —indaga la mujer recostada a mi lado.

¿Qué debo responder? ¿Debo acaso ponerme a cantar que fue casi como una ‘experiencia religiosa’ como lo haría Enrique Iglesias? Los segundos pasan y solo expulso palabras ininteligibles. ¿Por qué preguntan eso las mujeres? Qué mayor prueba que llegamos al orgasmo, que la esencia misma —dulce o salada— que hemos expulsado de nuestro más interno ser. He estado muchas veces tentado a responder que me sentí como el personaje de Cocoon cuando experimenta el sexo con una extraterreste, pero eso no me lo cree ni un cura en mi primera confesión.

La poca experiencia que tengo con mujeres me lleva a deducir que no es una pregunta tipo encuesta de atención al cliente con las alternativas: muy malo, malo, regular, bueno, excelente. No. Mi respuesta debe estar más sustentada que en exposición de tesis.

—No puedo describirlo —confieso apelando que mi fuerte no son los adjetivos.

Un mensaje de texto, un gemido en las habitaciones contiguas o hasta el claxon proveniente de la calle me han ayudado a escapar del callejón en el cual me encontraba acorralado. No hay sin suerte muchos me recriminarán.

No puedo seguir así. Necesito encontrar respuestas, porque cada año que pasa se me hace más claro que para complacer a una mujer —antes y después— no es solo a través de lo que vimos en nuestras clases de educación sexual, sino también a través de lo que confesamos en sus oídos.




Acá el video de 'Experiencia Religiosa' de Enrique Iglesias para los que —como yo— aún no saben qué responder.